Hoy le damos la palabra a Dominique Clarisse, director de su agencia de viajes en Indonesia Azimuth Adventure Travel Ltd, que nos comparte su visión del viaje a través de las más bellas citas de viaje.
El Hombre viaja desde siempre. ¿Por qué razones? ¿Para sobrevivir? ¿Para huir de guerras? ¿Para escapar de epidemias o catástrofes naturales? ¿Para encontrar trabajo? ¿O simplemente por placer, por la necesidad de nuevos descubrimientos y encuentros?
¿Cuál es primero el impacto de nuestro viaje en las poblaciones que nos acogen? Georg Christoph Lichtenberg consideraba así que "El Americano que, el primero, descubrió a Colón hizo un desafortunado descubrimiento".
Sea cuál sea la razón del viaje, es evidentemente importante, cuando uno se enfrenta a lo desconocido, que el espíritu y el corazón estén abiertos, y Séneca tenía razón al afirmar que « es el alma la que hay que cambiar, no el clima » a la pregunta « ¿de qué sirve viajar si te llevas contigo mismo? »
Nuestra forma de viajar ciertamente dice a menudo mucho sobre nuestra verdadera personalidad, y algunos incluso consideran que un buen viaje no es necesariamente el más lejano, o que no es necesario llegar a la isla desierta de nuestros sueños para (re)descubrirse. No obstante, la definición del viaje se escribe según las fantasías de cada uno. El escritor André Suarès resume bien este sentimiento cuando insinúa que « Como todo lo que importa en la vida, un buen viaje es una obra de arte. »
Por mi parte, realicé mi primer gran viaje en 1992, cuando un científico belga me propuso acompañarlo a Indonesia para hacer fotografías de fósiles en Java. En aquella época, un viaje a las islas de la Sonda, en las antípodas, era considerado una verdadera aventura. Nadie en mi familia se había desplazado tan lejos, y tenía cierta aprensión ante este próximo viaje. Pero Tony Wheeler estaba allí para recordarme que « todo lo que tienes que hacer es decidir partir. Y lo más difícil ya está hecho », y Lao Tse para sentenciar:« incluso el viaje más largo comienza con un primer paso. »
Recuerdo que, por miedo a lo desconocido, o simplemente para proteger mi espíritu, había elegido no documentarme demasiado sobre el destino antes de partir. Deseaba descubrir este destino del otro lado del mundo con un corazón « puro », un poco en el espíritu de este proverbio tuareg que dice:« en el primer viaje, se descubre. En el segundo, se enriquece. »
Deseaba en efecto ir al encuentro de estas poblaciones extranjeras, es decir desconocidas para mí, con el alma y los ojos de un niño, para asimilar sin filtro todo lo que tenían que ofrecerme. Como joven reportero-fotógrafo, tenía ganas de viajar para « ver el mundo tal como es, y no como uno quisiera que fuera » (Damien Personnaz en« Travers de routes », publicado en 2014).
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