En la primavera de 2020, mientras las puertas de los museos se cierran y los aviones permanecen inmóviles, una aplicación discreta adquiere una nueva importancia. Google Arts & Culture no es un sustituto del viaje — nada reemplaza el aroma de una sala de mármol o el cansancio feliz de un día pasado en el Louvre — pero ofrece algo precioso: un acceso, una ventana, una forma de prolongar la curiosidad cuando el mundo se cierra.
Una biblioteca cultural nacida en 2011
El proyecto vio la luz en febrero de 2011 bajo el nombre de Google Art Project. En sus inicios, solo diecisiete instituciones habían aceptado participar en la digitalización tridimensional. Entre ellas, nombres que hacen soñar: el MoMA de Nueva York, el Castillo de Versalles —también conocido como Museo de la Historia de Francia—, el Museo Van Gogh de Ámsterdam o la National Gallery de Londres. Un puñado de museos pioneros, listos para confiar parte de sus colecciones a un formato aún experimental.
Casi una década después, el ecosistema ha cambiado de escala. Más de 2 000 instituciones repartidas en 80 países participan ahora en la aventura, transformando la aplicación en una especie de enciclopedia viviente del arte y el patrimonio. El servicio también cambió de nombre —Google Arts & Culture— para indicar que va mucho más allá del marco de las bellas artes.

Lugares que creíamos inaccesibles
Lo que sorprende al recorrer el catálogo es la eclecticidad del viaje propuesto. Podemos entrar en los bastidores de la Ópera de París para comprender las artes escénicas, caminar virtualmente entre las ruinas de Machu Picchu, acercarnos al Taj Mahal hasta distinguir sus incrustaciones de piedras semipreciosas, o flotar a bordo de una estación espacial de la NASA. La aplicación también ha acogido "Face of Frida", la mayor exposición jamás dedicada a Frida Kahlo, que reúne obras, cartas y fotografías dispersas entre varios continentes.
Esta diversidad es probablemente la promesa más hermosa del servicio: no jerarquizar los patrimonios. Una catedral europea, un sitio arqueológico sudamericano e una institución científica coexisten en el mismo nivel, como otras tantas formas de habitar el mundo.
Más allá del museo virtual: herramientas para mirar de otra manera
Visitar a distancia no se limita a desplazarse por imágenes. Varias herramientas, integradas en la aplicación, transforman la consulta en una verdadera experiencia.
- Street View permite deambular por las salas, como lo haríamos en persona, siguiendo el ritmo de nuestros propios pasos.
- Pocket Gallery reconstitute exposiciones en realidad aumentada, accesibles desde el teléfono inteligente.
- Art Projector proyecta virtualmente las obras a su tamaño real en la sala de estar — un detalle que lo cambia todo cuando se descubre la escala imponente de un cuadro visto hasta entonces en miniatura.
- Art Camera ofrece una definición extrema, permitiendo hacer zoom en la trama de un lienzo, el cuarteado de un barniz o la firma oculta del pintor.
Se añaden cuestionarios históricos, herramientas lúdicas para crear sus propias obras basadas en modelos existentes, o incluso una búsqueda por color que asocia obras a la paleta de una fotografía personal. Otras tantas puertas de entrada diferentes para públicos que no todos tienen los mismos hábitos frente al arte.
Una compañera preciosa en tiempos de confinamiento
Lo que se retiene, finalmente, son las anécdotas recopiladas a lo largo de las fichas: un detalle biográfico sobre un pintor, la historia de un encargo real, el significado oculto de un objeto colocado en la esquina de un cuadro. Estos pequeños detalles, acumulados, terminan formando una cultura personal, hecha de fragmentos elegidos en lugar de visitas apresuradas.
En abril de 2020, cuando los viajes se detienen, la aplicación aparece como una compañera de transición —no un reemplazo, sino una prolongación. Una forma de preparar futuros itinerarios, de repasar los clásicos, o simplemente de mantener viva esa curiosidad por el mundo que es, en el fondo, el motor principal del viaje.
La aplicación es gratuita, disponible en teléfono inteligente y en línea: Google Arts & Culture.
Florine Dergelet

