¿Cuáles son los puntos en común entre India, Nepal e isla de Bali ? ¡Son todos destinos místicos y espirituales! Con tierras sagradas, la presencia de numerosos edificios religiosos y la voluntad de perpetuar las costumbres ancestrales, los habitantes de estos tres países rinden un culto importante a las divinidades. Y todos los viajeros que han visitado estos lugares estarían de acuerdo en decir que estos países han cambiado su visión de la vida. Entonces, ¿listo para despegar hacia el universo de las creencias y mitos de Asia ?
1. India, cuna espiritual
¡Considerada como uno de los países más espirituales del mundo, India no deja a nadie indiferente! Es la cuna del hinduismo, una de las religiones más antiguas del mundo, que posteriormente dio origen a numerosas corrientes espirituales como el budismo, el más conocido de ellos. Existen miles de Dioses en India pero tres son pilares: Brahma el creador, Shiva el destructor y Vishnu el protector. En general, la espiritualidad es, para los indios, un modo de vida más que una creencia.
Entre los lugares sagrados y espirituales más notables de India, se puede mencionar la ciudad de Haridwar donde muchos peregrinos vienen a dejar sus ofrendas para venerar el río o la famosa ciudad de Varanasi en el corazón del Valle del Ganges o la consagrada a Shiva, la ciudad de Benarés. Sin olvidar la capital del yoga, Rishikesh o la ciudad del exilio del Dalái Lama: Dharamsala ! Una cosa es segura, India es un destino excepcional para disfrutar de un viaje espiritual…
2. Bali, la isla de los Dioses
Bali lleva bien su nombre. Y es que en la isla de los Dioses, no hay nada que no tenga un carácter sagrado o divino. La naturaleza es el mejor ejemplo. Se veneran árboles, ríos, volcanes pero sobre todo el agua, considerada como bendita y purificadora. No pasa un día sin que los fieles preparen ofrendas. En los templos, las casas, las calles, las aceras, incluso los coches y los scooters… Lo habrá comprendido, las ofrendas y particularmente las flores, forman parte integral del paisaje balinés. Y es precisamente lo que da todo el encanto a esta pequeña isla de Indonesia.
Con una confesión mayoritariamente hinduista, los balineses confeccionan ofrendas para celebrar las divinidades, las fuerzas de la naturaleza y los antepasados pero también para apaciguar a los demonios y reequilibrar las energías. La mayoría de los habitantes poseen pequeños templos en sus casas. Dicho esto, siendo las ceremonias muy frecuentes, los balineses también se reúnen regularmente todos juntos en los templos del pueblo. No se sorprenda si los ve desfilar con sus trajes tradicionales para celebrar la cremación de un miembro de la comunidad. Porque creen en la reencarnación, es un momento ante todo festivo y lleno de colores… Una experiencia asombrosa pero cautivadora ¡que hay que ver al menos una vez en la vida!
3. Nepal, tierra de misterios
Aislado del mundo hasta principios de los años 50, Nepal solo abrió sus puertas a los turistas muy recientemente. Este pequeño país situado entre China e India guardó durante mucho tiempo sus misterios. Si Nepal se considera un país laico desde 2006, todas las religiones no han dejado de tener una fuerte influencia en la vida cotidiana de los habitantes. Los templos y edificios religiosos están en todas partes y es frecuente ver a los nepalíes dedicarse a una cantidad de rituales. Solo hay que ver las numerosas ofrendas en los altares dejadas por los habitantes de Katmandú para honrar a sus dioses.
El hinduismo sigue siendo la religión mayoritaria para el 80% de la población. Al igual que en India, el karma juega un papel importante en el corazón de los creyentes. Así, es común creer que las buenas acciones pueden ser recompensadas en la reencarnación. Y a la inversa, ¡si se comporta mal, lo pagará en una vida futura! Nepal es también la tierra de culto del Budismo. La leyenda incluso diría que el Buda en persona nació en la región de Lumbini antes de ir a India. Y es en los parajes del Himalaya donde se pueden descubrir las huellas de la creencia budista con banderas de oración que parecen danzar al son del viento dando así una atmósfera toda especial a estos templos enclavados en las laderas de las montañas…
Florine Dergelet

